Una ama de casa con necesidades insatisfechas.

Oct 17, 2013 by

“Estoy cuidando un perrito que no es mío. Es bastante trabajo, porque lo tengo en el jardín de otra persona (mi mamá no me deja llevarlo a su casa), y aunque yo no estoy ahí con él todo el tiempo, tengo la responsabilidad de asegurarme de que le den de comer y que lo cuiden. No sé bien de quien es el perro, pero me pesa un poco la responsabilidad. Y no me están pagando por hacerlo.
Después aparece el dueño, un hombre muy buen mozo, de mi edad más o menos, con mucho dinero. Viene a buscar a su perro con su novia, una mujer muy delicada que parece débil. El se desvive por ella, la cuida mucho y la trata con mucho amor (como me gustaría a mí que me traten). Aunque no me atrae el hombre, me doy cuenta de que le tengo envidia a la mujer por como la trata y porque no tienen problemas económicos. (Aunque la relación de ellos no es muy saludable. Ella es bastante oral, y siento que usa su debilidad para tenerlo a él pendiente. No es el tipo de relación que yo quiero (conscientemente).

Cuando vienen a buscar al perro, me hago la que está todo bien, pero en realidad resiento un poco el hecho de que ellos tengan tanto dinero y no me paguen por cuidar a su perro. Siento que dan por sentado todo mi trabajo, ni siquiera me ven mucho.  Él está demasiado ocupado con  asegurarse de que la novia esté bien y ni siquiera me da el mínimo de atención  para agradecerme  el favor.
Me subo a su auto y tengo unas monedas (cambio de dinero que parece que el me dio para comida del perro, o algo). Pongo las monedas en la guantera de su auto, para no quedarme con cambio que no es mío (para ser honesta) pero apenas lo dejo, me arrepiento. Porque me doy cuenta de que a él no le cambia nada y cuando miro las monedas, son bastante grandes, casi como la palma de mi mano, y valen entre $10 y $26 cada una, así que suman más de $70 que no me vendrían nada mal, ahora que estamos contando cada centavo. Me siento una tonta. Desvalorizada, envidiosa de lo que tienen los otros y sintiendo que no me hago valer.

Interpretación:

Este es un sueño típico femenino. El perro ajeno representa al marido de la soñante. El perro es el simbolismo de la fidelidad, de la lealtad. La soñante está teniendo dificultades con la lealtad hacia su madre quien no pide nada y enseñó a la soñante a ser independiente y auto suficiente y a nunca pedirle nada a nadie. La soñante no está dándose permiso para hacer suyo a su marido, no lo lleva a su casa porque la madre que tiene interiorizada no le da permiso. Esto no en lo real sino en el mundo interior de la soñante.

Esto significa que la soñante todavía tiene en primer lugar a su familia nuclear y no a la familia que ella ha formado para sí misma por lo cual no se entrega del todo, esto lo dice con “no estoy con él todo el tiempo”. Cuando nos casamos y aún no hemos hecho a nuestra pareja nuestra familia nos pesa la responsabilidad y sentimos que nos deben pagar por hacerlo, pagar con dinero, pagar con reconocimiento, pagar con sexo, pagar con lo que sea que tengamos la necesidad.

El dueño del perro, un hombre buen mozo, con dinero y con una novia, representa la figura del padre con la madre de la soñante que tuvo que adoptar de afuera la soñante, es una imagen internalizada de lo masculino y lo femenino en el mundo exterior. No es nadie en particular. En su familia se valora mucho la energía yang, masculina, de ir hacia afuera, de actividad, y se subvalora la energía ying, femenina, receptiva. Y durante los primeros 30 años de su vida, la vida de la soñante estaba totalmente desequilibrada hacia el lado masculino. Así que adopta del mundo exterior padre fuerte con dinero, o sea con poder y una madre débil a quien este padre proporciona todo gracias a que ella lo permite. Aquí podemos ver el conflicto de la soñante con su capacidad de pedir, de recibir, siente que si así lo hace le es desleal a su madre, pierde su poder, que lo tiene depositado en la parte activa y desintegrado del poder femenino de la capacidad de la receptividad, porque las mujeres receptivas y pasivas a los ojos de la soñante, son muy demandantes, algo que la soñante no se permite a sí misma porque considera que esto no es sano, aquí podemos ver un prejuicio proveniente del gran temor a la dependencia, si pide todo lo que necesita siente no ser digna de ser amada porque es mucho, así que lo mejor es no estar saciada y no lo pide y por lo tanto su necesidad no puede satisfacerse, aunque se da cuenta que la mujer (la madre adoptada del exterior) sí queda satisfecha porque a ella no le avergüenza pedir aunque la soñante piensa que ella es mejor que esa mujer si ella no pide, pero esa mujer sí está satisfecha de amor y dinero y por tanto la envidia, dado que ella, por su orgullo de no necesitar, no lo está.

Al pretender estar bien cuando vienen a recoger al perro la soñante nos muestra la pseudo solución de su psique, o la máscara, ella decide conservar el “yo no te necesito” y así como muchas amas de casa, hace el trabajo estoicamente, sin pedir nada a cambio, pero resintiendo hacer tanto por tan poco y el pago es ni siquiera ser vista lo que le produce un gran dolor. Aquí vemos como la soñante en su infancia no pedía nada para ser digna de ser amada y sin embargo nadie se daba cuenta de su esfuerzo, dado que si los padres desconocen la incomodidad, pues por supuesto no la ven y la ignoran. La soñante sigue repitiendo este patrón de no pedir y por lo tanto no recibir.

La última parte del sueño nos muestra la solución que ha dado la pequeña niña que vive dentro de esta mujer. Satisfacer las necesidades de lo que sobra, aún así con dificultades en virtud de que por no atreverse hablar lo tendría que tomar sin permiso, lo cual a su deber ser o ideal del yo, tampoco le parece bien, por lo cual está atrapada, la necesidad no puede ser satisfecha.

La solución para la soñante es atreverse a tener necesidades, reducir el orgullo, detectarlas y hablarlas, poder pedir, valorar el ser una ama de casa y madre que ya es bastante trabajo para una mujer, valorar ella misma su trabajo y hacerlo valer y atreverse a tener la recompensa de ser mujer, poder dejar que el hombre se encargue de algunas cosas de ella sin sentirse culpable. La envidia es “yo quiero lo que ella tiene” pero aquí el problema es que nadie sabe lo que la soñante necesita y por lo tanto mientras nadie lo sepa la necesidad quedará insatisfecha.

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